Soberanía en Liquidación: Por qué la AGI nos encontrará gestionando cookies.
El anuncio de Davos
En el Foro Económico Mundial 2026, aire muy denso. No es la típica especulación futurista. Dario Amodei (Anthropic) y Demis Hassabis (Google DeepMind), popes de auténticas empresas líderes en esto, pusieron sobre la mesa una fecha que debería hacernos pensar: 2026 o 2027. Esa es la ventana para la Inteligencia Artificial General (AGI), un sistema capaz de superar la capacidad humana en casi cualquier tarea intelectual de nivel Nobel.
Sin embargo, mientras los líderes tecnológicos discuten el “cuándo”, yo siento que el resto del mundo seguimos atrapados en un debate del siglo pasado. Estamos dedicando una energía burocrática ingente a regular la superficie —cookies, banners de consentimiento y protección de emails— mientras, por debajo, los cimientos de nuestra soberanía personal, económica e intelectual están siendo desmantelados.
1. El Espejismo de la Regulación: La trampa de las cookies
Hemos caído en una complacencia peligrosa. El RGPD y las leyes de privacidad actuales se centran en el dato transaccional: qué compras, dónde haces clic, cuál es tu correo. Es una regulación para una era de bases de datos, no para la era de la Inferencia Psicológica.
Mientras el usuario medio se siente “protegido” al rechazar una cookie, los LLM están mapeando su subjetividad. La IA no necesita rastrear tus pasos por la web para saber quién eres; le basta con procesar tus razonamientos, tus dudas y tus miedos. El sistema hoy posee un perfil psicológico de cada usuario que supera en profundidad al de su círculo íntimo. Estamos regulando la puerta de la caseta del perro, mientras las paredes de la casa se han vuelto transparentes.
2. La Soberanía Geopolítica: Del Estado al Oligopolio
Se habla mucho del riesgo de que los Estados utilicen mal la IA, pero el desplazamiento real del poder no es de nación a nación, y mucho menos de nación a ciudadano, sino del Estado a la Corporación.
Hoy, la soberanía de un país depende de una infraestructura que no posee. El poder reside en el control vertical: quien tiene los chips, quien tiene la nube, quien tiene el modelo. Estamos presenciando cómo 3 o 4 consejos de administración en Silicon Valley se convierten en reguladores económicos y sociales de facto, operando, petencialmente, por encima de cualquier marco legal soberano (algunos añadiríamos territorial).
3. El Nuevo Orden Económico: La IA como socio forzoso
Estamos cruzando el umbral donde la IA deja de ser una herramienta de productividad para convertirse en un participante de la cadena de valor. Las sugerencias recientes desde las cúpulas de la industria sobre “participación en beneficios” con las empresas cliente (ver declaraciones de la CFO de Open AI) apuntan a un cambio de paradigma: quien posee el motor de inteligencia reclama una parte del éxito de cada sector que lo utiliza. No es una licencia de software o de uso; es un impuesto al intelecto (o emprendimiento/riesgo) ajeno.
No es una licencia de software o de uso; es un impuesto al intelecto (o emprendimiento/riesgo) ajeno.
4. El Factor Crítico: La Externalización del “Know-How”
Este es el punto de no retorno, para mi. Históricamente, el valor de una organización o de un profesional residía en su conocimiento acumulado, en su experiencia, en ese “saber hacer” único.
Hoy, ese Know-how está siendo transferido masivamente de las cabezas de los profesionales a los tokens y pesos de los modelos de lenguaje. Ya no somos dueños de nuestro conocimiento; somos operadores de una inteligencia alquilada qu eaprende de nosotros. Si el conocimiento no está en tu cabeza ni en la de tu equipo, sino en una infraestructura externa, la autonomía/soberanía desaparece.
El conocimiento no está en tu cabeza ni en la de tu equipo, sino en una infraestructura externa
¿Rendición o Conciencia?
La llegada de la AGI en 2026 no es solo un hito tecnológico; es una prueba de supervivencia para nuestra soberanía. De nada sirve proteger un email si hemos entregado el acceso a nuestra estructura de pensamiento y hemos vaciado nuestras capacidades críticas en un servidor ajeno.
Es hora de elevar el debate. No podemos seguir gestionando la superficie mientras cedemos el control del núcleo de nuestra civilización. La pregunta ya no es si la IA será inteligente, sino si nosotros seremos lo suficientemente independientes para seguir siendo dueños de nuestro propio conocimiento.
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