NAVAJA NEGRA
NAVAJA NEGRA
Una tarde de domingo más, en la casa del viejo abuelo. Siempre iguales. Siempre distintas. Hoy me toca la navaja. Sus cachas son negras, recuadradas, no como esas redondeadas suizas; dorados los tornillos que las sujetan a su cuerpo de acero. Con dos hojas de un lado y un sacacorchos del otro. No me pregunto qué habrá cortado, ni qué tapones sacó. Solo sé que mi tía —que administra la casa— me la entrega para que la abra y la cierre, con esa mano mía, de siete años, pequeña, pero decidida.
Entre los juguetes antiguos que más me fascinan: la gumía, el cris, el cuchillito de monte… y la navaja. Todos de acero, todos muy pequeños. Me pregunto muchas veces quién los compraría, dónde y para quién. La tía solo me deja jugar con la navaja. Ha limado el filo y la punta.
Navaja tengo,
aun sin filo ni punta,
crece su valor.
El imán, enorme y pesado. Los brillantes de la desarmada lámpara de cristal. Esos son los otros tesoros. Y “El Mundo de Papel”, un libro del que mágicamente surgen barcos, sombreros, aviones y pistolas de periódico.
Conservo aún la vieja navaja roma. Mi colección de cuchillos y navajas incluye el cris, la gumía y el de monte. Cortan y pinchan, como debe ser, sin dañar.
A veces dudo. A veces fallo. No me quiebro. Mi mano tiembla menos cuando alguien, antes, me permite probar.
La hoja seca
me muestra la dirección,
no tanto la flor.
25 de septiembre de 2025


Hola, José Manuel.
Mientras leía tu obra, tuve la sensación de haberla leído antes, quizás un déjà vu. Me gustó mucho.
Saludos.